lunes, 13 de febrero de 2017

¡Qué vivan los valientes!


El otro día, mientras escuchaba en la radio un debate político, escuché una frase que aún retumba en mi interior: “La intolerancia viene de la incertidumbre”. Me parece una frase genial, con mucha “miga”. El análisis etimológico de incertidumbre nos lleva de cabeza hasta su significado (proceso que, a modo totalmente aficionado, me fascina). Incertidumbre se compone de un prefijo de negación (In-) y de certidumbre, que proviene, obviamente, de cierto. Cierto proviene en latín de certus lo que denota que algo está resuelto o seguro. Por tanto, la incertidumbre es la negación de algo que no es seguro, la inseguridad.

La intolerancia viene de la incertidumbre. El rechazo, que estamos acostumbrados últimamente a ver en las noticias con EEUU expresamente o de manera tácita en la UE (al tener una política superficial en cuanto a los refugiados), viene de no conocer la verdad sobre un determinado movimiento, del miedo en definitiva. Hablemos del miedo.

Decía Napoleón que aquel pueblo que temía ser conquistado acabaría siendo derrotado. Por el mismo hilo tejía Nelson Mandela: “Aprendí que la valentía no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre el miedo. El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo.” Es interesante ver como dos personajes históricos tan diferentes confluyen algunas veces. En este caso, ambos relacionan el miedo con la conquista, y razón no les falta. 

El miedo es un sentimiento despota, si no sabes afrontarlo te conquista. No actúas tu, sino el miedo. Es entonces cuando vuelve a aparecer la frase. No soy nadie, ni quien, para juzgar a quien actúa con miedo. Todos los hemos hecho, y obviamente hay excepciones. Es decir, esta frase (como casi todo) no es una verdad absoluta. Muchas veces somos intolerantes no por miedo o incertidumbre, sino precisamente por todo lo contrario, por conocer la verdad de lo que precisamente no toleramos. Pero sí que pienso que es la tónica general. Cuando actuamos por miedo solemos actuar intolerantemente.

¿Cuántas decisiones hemos tomado por miedo en nuestra vida? ¿Cuántas veces hemos reculado un paso justo antes de saltar a por eso que tanto ansiábamos por miedo? Cada vez que el miedo te gana una decisión vas uno abajo en el marcador. Miedo 1 – Esencia 0. 

Por eso hay que aplaudir a la gente que no tiene miedo, a los valientes. Hay que aplaudir a los que les da igual decir lo que piensan, independientemente de la gente de la que se rodean. Porque aquellos que reniegan de sus ideas puntualmente, también reniegan de ellos mismos puntualmente. Hay que aplaudir a los que hacen cosas nuevas, porque el camino trillado es el fácil. Hay que aplaudir a los que se arriesgan, a los que apuestan todo al rojo haciendo  caso omiso de los gritos de miedo que se generan a su alrededor. ¡Qué vivan los valientes!