lunes, 5 de octubre de 2015

El invernadero de los recuerdos


Como un invernadero indeterminado. Un invernadero cuyo límite son las flores del jardín de tus recuerdos. Algunas deshojadas y otras que te hieren al recordarlas. Recuerdos con espinas que nos hacen sangrar por dentro. Espinas que tienes clavadas a fuego en tu corazón. Cada vez que el azar de tus recuerdos elige el tallo de aquella espinada rosa duele tanto como el mismo momento en el que solo querías desaparecer. Duelen tanto que a veces caemos y necesitamos ayuda para levantarnos. Porque a veces, hay recuerdos que duelen tanto que por nosotros mismos no podemos seguir paseando por nuestro invernadero. Y nos dan un baño de humildad porque nos damos cuenta de que necesitamos acudir a los demás para que nos comprendan, nos ayuden, nos den consejo...Nos levanten.

En cambio, en ese invernadero que, aparentemente, está lleno de zarzas y flores con espinas hay otra especie. Son flores que, mediante su olor, nos hacen recordar momentos pasados por los que pagaríamos para volver. Son flores que solo se pueden oler, no tienen pétalos. No tienen pétalos porque son recuerdos tan buenos que en el momento en el que lo viviste deshojaste la flor entera. Disfrutaste, de verdad, sin caretas. Momentos que no te arrepientes de no haber hecho, y pese a lo que dice el ruido de la sociedad lo repetirías una y otra vez, aun sabiendo que está mal. Momentos que te sorprenden con una sonrisa que los demás, en el presente, no entienden. Sonrisas inspiradas en rememorar el olor de esa flor. Solo lo entiendes tú o la persona con la que lo compartiste. Como esa ex pareja o ese antiguo amigo que tras mucho tiempo separado coinciden en una cena con amigos y solo con la mirada saben lo que están pensando. Esos momentos que subrayan que fue alguien en tu vida, y que no te arrepientes nada de lo que has hecho. No te arrepientes precisamente por ese tipo de cosas, por esa mirada. Porque sabes que es sincera y que aunque vuestros caminos estén separados no te arrepientes, porque la vida da muchas vueltas y uno nunca sabe.

Dicen que el recuerdo es el invernadero de las alegrías pasadas. La frase es muy elegante, pero también es el invernadero de cosas que nos duelen. Es gracioso, ¿Cual creéis que sería la respuesta de la mayoría de la sociedad si se planteara que tipo de recuerdos reviven? ¿Buenos? ¿O malos?

Creo que ganarían los del vaso medio vacío. Es cierto que es muy difícil controlar las emociones. Pero no se donde leí que hay que saber desligarse de las emociones. Sentirlas plenamente, deshojarlas, y desligarse después. Pero eso, en muchos aspectos, no es más que un mentira introducida a una sociedad de consumo. ¿Somos marionetas sin sentimientos del pasado? ¿O de futuro?  Pero en muchos otras ocasiones sí que obtiene sentido porque consiste en podar, en perdonar. Empezar de cero

Hay que saber aceptar las situaciones, los recuerdos. Poco a poco. El tiempo es el mejor bálsamo. Siempre pone las cosas en su sitio. Porque el baile de la vida es lento y rápido. Implacable y caprichoso. Y tenemos que aprender a bailar a nuestra velocidad sin renunciar a la de la vida. Tener un corazón equitativo. Ser capaz de salir de nosotros mismos cuando sangramos por los recuerdos y salir de nosotros mismos para levantar a los demás. Perdonar. Aceptar quiénes y cómo somos. Gozar de ello y lo más importante: Reírnos de nosotros mismos.