jueves, 26 de febrero de 2015

La vida es sueño #4

Seguimos con otra sección nueva en aloslunesbuenacara.blogspot.com Esta vez de la mano de: El Guerrillero, se presenta así:

Ya en los tiempos de Viriato existían guerrilleros, con valor y más coraje que el caballo de Espartero. Pues España ha sido, es y será cuna de hombres honrados, cuya vida entregaron hasta la última gota en el noble ideal de defender a España. Soy uno más de esos valientes que, dejando mi casa y sus comodidades a los 17 años, he emprendido esa gran hazaña. “Porque, la milicia, no es más que una religión de hombres honrados.”
Cuando entramos aquí, todos vemos lo idealizado del Ejército. Y este aroma es el que guía a muchos hasta la puerta de la Academia. Dar el paso adelante, decisión personal, es uno de los grandes momentos de madurez que esta vida nos enseña. Tú cargas con las consecuencias de tu elección, te haces responsable.

Frente a todos lo que nos estaba sucediendo, cada uno de nosotros tenía que posicionarse: ¿Es esta la vida que quiero? ¿Es este mi lugar? Y, con gran pena, veíamos como alguno de nosotros tiraba la toalla y regresaba a su hogar. Cada uno tenía sus razones (unos médicas, otros por estudios, algunos por las exigencias y otras razones) para abandonar esta vida. Nosotros les animábamos a darle una oportunidad, a poner la vista en el futuro. ¿No habían sacrificado infinidad de horas por sacar la mejor nota en selectividad y habían puesto todo su empeño en prepararse físicamente? ¡Este era el momento de demostrar su valor! Por si esto fuera poco, coincidió que un compañero de la promoción estaba repitiendo el campamento tras abandonar el año anterior a los 10 días. Sus palabras buscaban recabar (sí, está bien escrito) en las mentes de los que pretendían irse, mas no producían el efecto deseado.

Fue así como, en total a lo largo de las 4 semanas, perdimos a 12 compañeros. Tenían todos sus propias circunstancias personales y las respetábamos, pero nos dolía su marcha. Gracias a ellos, aprendimos también a hacernos más fuertes. Su salida nos recordaba que aún quedaba abierta la puerta a nuestra antigua vida. En nuestras manos quedaba cerrarla y caminar sin mirar atrás.

lunes, 23 de febrero de 2015

Un paseo por Nueva Jersey (un tanto Ibérico)

Retomo la sección titulada: Un paseo por Nueva Jersey. Una sección dedicada exclusivamente al arte y la pasión más bonita de este mundo, la música. La realidad es que tenía muchas ganas de escribir esta entrada. El paseo por nueva Jersey, hoy, será ibérico. Sí, música española. Personalmente, la mayoría de música española que escucho se podría encuadrar en música de cantautor. Podríamos definir a un cantautor con un: yo me lo guiso, yo me lo como. Su música es propia y no necesitan más que una guitarra o un piano para sorprenderte. Vamos a por ello.

1. Fredi Leis:

Le pongo el primero pero ha sido mi último "descubrimiento". Toda su música la podéis encontrar en Youtube. Cuando encuentras un cantante nuevo por Youtube o investigando, y no es nadie famoso, se produce algo inexplicable que ya te hace tener una cierta "predilección". Crea como una vinculación más especial. Pero vamos a su música. Aconsejo a toda persona que pise la tierra que escucha esta canción entera (Días grandes) Se que en algunos móviles no os salen los vídeos, pero es de esas veces que merece la pena encender el ordenador o buscarle en Youtube. Puedo decir que sus canciones son adictivas. El ritmo de esta canción es increíble, lento, pero porque no necesita ir más rápido. De esas canciones que tendrás el estribillo todo el día en la cabeza. De esas que quieras escuchar otra vez nada más haber acabado. Es imposible ver el vídeo y no sorprenderte. Por la pasión que se ve, esa que tanto se echa de menos en la música, esa que te pone los pelos de punta o que nos hace emocionarnos con algo tan sencillo como un par de notas bien afinadas. Sin más palabras os lo dejo aquí. Espero que lo disfrutéis tanto como yo. (Si queréis escuchar más canciones suyas os aconsejo "No lo sabes")

2. Andrés Suárez:

No podía faltar. Cuando pienso en un artista (después de Bruce) pienso en Suárez. Una vez escuché como de una manera nostálgica un locutor decía que antes los artistas no eran artistas únicamente en el escenario, sino que eran artistas hasta cuando iban a comprar el pan. Andrés Suárez sin ninguna duda es de esos. Un gallego que cuando cumplió dieciocho años se fue a vivir a una aldea (Pantín). Y que después tuvo el valor de dejarlo todo y venir a Madrid. Y empezó desde abajo, tocando en el metro. Pero este gallego siempre tuvo grabada a fuego una frase de su madre: "Si puede soñarlo, puedes hacerlo" Y Ahora llena conciertos en Vistalegre en los que afirma que nunca soñó tan fuerte. Quizás su éxito radique en su humildad aún creciendo continuamente. La definición de cantautor hecha persona. Uno de esos cantantes que tienen algo.... que que sé yo... Tienen magia encima del escenario. Da igual que hayas escuchado sus canciones que siempre te emocionarán. Todas las líneas que escriba sobre él no son suficientes. Simplemente me quito el sombrero y chapeau. No queda otra. Si tuviera que elegir una canción suya no sería nada fácil, pero me inclino por Tengo 26. De esas canciones que no te susurra al oído, sino que te susurra donde más te toca, donde marca. No hay palabras, simplemente hay que escucharlo. Pongo también el vídeo por el que una vez un hermano me lo enseñó, una perla de canción (Ya Verás). No os defraudará.

3. Rafa Pons:

Por último, otro de los últimos artistas que he escuchado estos meses. Los que me conocen saben que tengo una debilidad musical, y esa no es otra que cuando un artista pega un grito. Pero no un grito cualquiera. Un grito que salga del alma, que desgarre la voz. Rafa Pons tiene una de esa voces, una voz agrietada, rota. Le encontré gracias a Ándres Suárez. La canción que os dejo se titula: Supongo. Según Andrés Suárez, es una de las mejores canciones que ha escuchado nunca. Ese dato ya me bastó para escucharle. La verdad que la canción, con vuestro permiso, es acojonante. Es una música con un toque más rockero. Si alguien quiere alguna más le aconsejo Buenos Aires. 



jueves, 19 de febrero de 2015

La vida es sueño #3

Seguimos con otra sección nueva en aloslunesbuenacara.com Esta vez de la mano de: El Guerrillero, se presenta así:

Ya en los tiempos de Viriato existían guerrilleros, con valor y más coraje que el caballo de Espartero. Pues España ha sido, es y será cuna de hombres honrados, cuya vida entregaron hasta la última gota en el noble ideal de defender a España. Soy uno más de esos valientes que, dejando mi casa y sus comodidades a los 17 años, he emprendido esa gran hazaña. “Porque, la milicia, no es más que una religión de hombres honrados.”

Fue la primera semana una de las más largas de mi vida. La primera dificultad que se nos presentó fue adaptarnos a la nueva rutina. Esto es común a cualquier cambio en la vida, bien de trabajo, bien de lugar de residencia, de situación familiar,… Por primera vez en nuestra vida, nos arreglábamos (afeitado inclusive!!) en menos de 15 minutos. Mucha instrucción y deporte, nos venía bien coger algo de forma. Al mismo tiempo, íbamos recibiendo conferencias tanto sobre el Ejército, su estructura y funcionamiento como de la Academia y sus normas.

Este primer aprendizaje elemental iba, paralelamente, acompañado de la labor de forja que antes describí. A lo largo de los días, veíamos acciones que no comprendíamos, pero que poco a poco iban transformándonos por dentro. Hay algunas de ellas que jamás podré olvidar y quiero dejarlas ahora escritas.

La primera de ella fueron las flexiones grupales. Dos de nosotros habían llegado tarde a la formación de comida. Como consecuencia, debíamos todos al alférez 20 flexiones. Sí, así es. Dos se equivocaron. Todos pagamos. Somos uno solo, una promoción unida. Puede salir mal la misión, confundirnos de objetivo u errar de otra forma, pero lo más importante será siempre el grupo, salir todos adelante. El hecho mencionado se iría repitiendo a lo largo del campamento y, tuvo tal efecto en nosotros, que acabaríamos poniéndonos a hacer flexiones al lado de cualquiera que estuviese cumpliendo su “penitencia” particular ante un alférez.

Otro de los métodos para afianzar tal compañerismo eran los centenares de copias que nos pedían cuando alguien se equivocaba en algo gordo. La primera vez que se produjo esto no podíamos dar crédito a las palabras del instructor. Habíamos formado para retreta (justo antes de dormir) cuando se pasaron los alféreces y empezaron a preguntarnos sus nombres completos. El primer interrogado no los sabía, por lo que para la formación del desayuno debía entregar 500 copias del nombre del alférez en cuestión. ¿¿Cómo iba a encontrar la forma de hacerlo?? Una vez rotas las filas, mientras nos dirigíamos a nuestra escuadrilla, propuso uno: “Hagamos cada uno 10 copias. Somos 50 en la promoción, así que será un momento.” Dicho y hecho, antes de irnos a la cama le dimos cada uno 10 copias del nombre. A la mañana siguiente, se le acercaron a pedirle las copias. Al recogerlas el alférez, pasó las hojas una tras otra. Pensábamos todos que estaba contando el número de copias, pero más tarde descubriríamos que estaba comprobando que el amonestado no hubiese hecho las 500 de su propio puño y letra… Desde ese momento, se hizo frecuente entre nosotros la frase “¿Qué hay que copiar?” cuando veíamos a algún compañero atareado con su libreta y bolígrafo.

La última anécdota sonará a película americana, pero fue totalmente cierta. Salimos del comedor tras haber terminado de cenar cuando, de repente, el capitán se dirigió a nosotros con las siguientes palabras: “Tenéis aquí delante a cuatro de vuestros compañeros. Han creído que eran mejor el resto y por eso se han permitido el lujo de repetir de postre antes incluso de que se sirvieran vuestros alféreces y yo. De modo que, para que aprendan a pensar en el resto, vamos a dar unas vueltecitas al comedor a paso ligero.” Eso significaba que, mientras nosotros corríamos en torno al edificio, ellos cuatro se quedarían de pie viéndonos pasar. En estos casos, me cuesta decir quien lo pasa peor, si ellos mirando o nosotros corriendo. Lo que les quedó claro fue que nunca volverán a repetir de postre sin esperar a todo el mundo.


Al mismo tiempo, durante estas semanas íbamos recibiendo la formación militar que nos faltaba. Se nos exigía paulatinamente puntualidad, precisión, perfecto estado de revista permanente, firmeza, respeto, orden y disciplina. Si esto no lo aprendíamos ahora, ¿cuándo lo haríamos?

domingo, 15 de febrero de 2015

Mi remolque, mi motor

Otro bús perdido. Esa sensación para mí era lo peor, estar a punto de llegar y ver como se esfuma mientras corres desesperado tras él. Otro bus perdido, otra vez tarde a clase… ¿Cuantos buses más pasarían? Dicen que la vida da segundas oportunidades, pero también que es injusta.

Tras cinco eternos minutos llegó el siguiente bus, entre el vaho de una fea mañana de invierno. Saqué los cascos del bolsillo de la chaqueta. Busqué el móvil, no estaba. Realmente mi mañana comenzaba de una manera preciosa. Me senté atrás, junto a la ventana. Eché el aliento a la ventana y apoyé la cabeza. Aún se notaba en mi aliento la resaca del sábado, ciertamente no estaba para nadie esa mañana. Todo se torció desde que iba con los que decían ser mis amigos. Llegó la parada, toqué y al irme a bajar pisé un charco justo antes del bordillo y caí. Rápidamente, un señor anciano me ayudó a levantarme. Di las gracias y seguí hacia el colegio mientras secaba la chaqueta. La puerta estaba cerrada, esperé fuera, el de biología no abriría y entrar empeoraría la situación. Me senté en el suelo apoyado en la pared. Comencé a pensar y me dije: ¿Qué se supone que hago con mi vida? Me di cuenta que realmente esa mañana resumía completísimamente mi vida. Perdía el bus, caía mientras otros me volvían a levantar pero aún así llegaba tarde y esa puerta estaba cerrada. ¿Quién me levantaba? Acabó biología y también el día. Esa pregunta no me dejaba en paz hasta que realmente finalizado el día me la formulé en un papel. Se me daba mejor escribir a eso de hablar.

He ahí la clave de mi problema. Tenía que dejarme de preocuparme por los amigos que, cuando caías seguían sin ti para no mancharse con tus problemas y centrarse en los que vendrían hasta primera línea de guerra. Como mi familia. Mi remolque. Hacía ya tiempo no solo era que me levantasen tras las seguidas caídas, sino que me empujaban mientras ponía resistencia. El motor de ese empuje era mi padre. Pero no puedo quitarle méritos a los frenos, los cambios…etc Pero mi padre era la clave, si no estaba, difícil sería ayudarme. Trabajaba como el que más, pero cuando estabas con él se paraba todo. Lo que más me gustaba eran esos viajes de cinco-seis horas que nos marcábamos escuchando a Springsteen, realmente era difícil de comprender, pero la música era un gran vínculo entre nosotros. Él me hizo ver la vida de otra manera. Días después del viaje comencé otro. Este cambiaba de camino de manera brusca. Bastaba ya de tener que ser las lágrimas. Era hora de ser el pañuelo.

Amaba esos viajes, eran una liberación del ruido a la paz. Para mí era como una huída de mis problemas. Sinceramente, un desahogo. Él, siempre tan divertido, era la persona que más ha disfrutado la vida que conozca. Lo cuento en pasado porque mi padre murió. El motor no pudo aguantar tantas revoluciones y simplemente se paró el corazón. ¿Y ahora qué? Me dije. Al fin, la vida me dio esa segunda oportunidad pero también me enseñó su lado injusto. Gracias a él, me pude refugiar en mi nuevo motor: Mi madre, mis hermanos y amigos.

¿En cuanto a ese bus? Lo alcancé. Me senté en el mismo sitio e hice el amago de coger los cascos. Guardé la mano y me dije: Voto por pensar antes que ignorar los problemas dando al “play”. Finalmente, esa puerta estaba abierta y lo que era más importante, caía con menos frecuencia; esto me ayudó a sacar a más gente de ese charco, tocaba ser remolque.

Gracias motor. Gracias, papá.

jueves, 12 de febrero de 2015

La vida es sueño #2

Seguimos otra sección nueva en aloslunesbuenacara.com Esta vez de la mano de: El Guerrillero, se presenta así:
Ya en los tiempos de Viriato existían guerrilleros, con valor y más coraje que el caballo de Espartero. Pues España ha sido, es y será cuna de hombres honrados, cuya vida entregaron hasta la última gota en el noble ideal de defender a España. Soy uno más de esos valientes que, dejando mi casa y sus comodidades a los 17 años, he emprendido esa gran hazaña. “Porque, la milicia, no es más que una religión de hombres honrados.”

Prosiguieron la tarde y mañana siguientes con gran cantidad de cosas que hacer: desde el famoso rapado en la peluquería hasta el paso por sastre para tallar nuestros uniformes, pasando por la recogida de material de campaña, ropa y equipamiento para el campamento, el aprendizaje de los movimientos a pie firme y en formación , junto con un sinfín de historias más. Pese al inmenso cansancio que cargaba mi cuerpo, tampoco esta noche pude pegar ojo, pues ya habían comenzado a sentir las primeras dosis de tensión, tensión que no me abandonaría en muchos días.

Salimos el martes 2 rumbo al campamento. Mis expectativas para el campamento eran de un conjunto de tiendas más bien pequeñas, montadas en una zona descampada, en las que dedicaríamos mañana y tarde a conocer la labor de campo del militar: tiro, topografía, camuflaje,…; tareas todas ellas en los que ya sabría un montón, lo pasaríamos fenomenal y nos harían los militares del mañana. Jamás pensé que podría llegar a equivocarme tanto. Y ahora os contaré por qué.

Este conocido “campamento” viene no sólo a poner a prueba a nuestra resistencia sino a forjar un espíritu. La forja, tarea del herrero, consiste en martillear el hierro candente hasta configurarle la forma deseada. Pues bien, extrapolando el mecanismo de este trabajo, los instructores llevarían a cabo durante cuatro semanas nuestra forja. Obviamente, más perfecto es el resultado cuanto más tiempo recibe el hierro los golpes. En un mes no estaríamos a la altura de nuestros compañeros con más de veinte años de servicio, pero tendríamos la misma base de la que ellos partieron.

Nosotros, “lo mejor de la juventud española” en palabras de nuestro Ilmo. Sr. Coronel, éramos buen acero que exigía, en primer lugar, alcanzar su temperatura de fusión, calentado al extremo para ser purificado y, a continuación, ser golpeado con fuerza, solidificando el espíritu militar, espíritu de compañerismo y espíritu de abnegación.

domingo, 8 de febrero de 2015

"Lo bueno, si breve, dos veces bueno"

En algún lugar alguien abre una carta con tanta ilusión que al final está en blanco.
En algún lugar unos ojos cautivan un alma.

En algún lugar alguien está imaginando. Volando. Y nadie cree en él.
En algún lugar dos desconocidos deciden dejar de serlo.
En algún lugar dos conocidos se dan la oportunidad de conocerse de verdad.
En algún lugar hay una persona que de tanto buscarse se perdió.
En algún lugar a alguien se le tambalean sus pilares más importantes.
En algún lugar alguien se jura que mañana cambiará, pero no se da cuenta de que el mañana es ahora.
En algún lugar un profesor hace de la asignatura más aburrida la clase más esperada.

En algún lugar alguien desea borrar su memoria para tener un pensamiento virgen.
En algún lugar alguien hace de lo ordinario, algo extraordinario. 

Y en ese lugar puedes estar tú.
¿En algún lugar?
¿En qué lugar?
En Monmartre. 
Donde las calles infinitas respiran color, luz, arte, vida.
Feliz Lunes.


lunes, 2 de febrero de 2015

La vida es sueño #1


Comenzamos otra sección nueva en aloslunesbuenacara.com Esta vez de la mano de: El Guerrillero, se presenta así:

Ya en los tiempos de Viriato existían guerrilleros, con valor y más coraje que el caballo de Espartero. Pues España ha sido, es y será cuna de hombres honrados, cuya vida entregaron hasta la última gota en el noble ideal de defender a España. Soy uno más de esos valientes que, dejando mi casa y sus comodidades a los 17 años, he emprendido esa gran hazaña. “Porque, la milicia, no es más que una religión de hombres honrados.” 

FDO: El guerrillero
LA VIDA ES SUEÑO #1


Con emoción recuerdo la madrugada de aquel 1 de Septiembre. Para pasar la noche anterior, los seis hermanos nos habíamos distribuido en un sofá banca con forma de “U”, cuya parte central se alargaba en desproporción con las laterales. En él intentaría descansar mis últimas horas como civil.

Aquella mañana, el despertador sonó con anterioridad a lo que acostumbraba en verano. La verdad es que se me había hecho eterna la noche, pues horas de esfuerzo me había costado conciliar el sueño imaginando la nueva vida que me disponía abrazar. Me había acostado con pena tras la que habría de ser nuestra última cena en familia sin saber cuando volveríamos a reunirnos de nuevo todos juntos.

Al levantarme nada más oír la alarma, reparé en la figura de mi madre. Sentada en uno de los laterales, se encontraba mirándome la mujer que me trajo al mundo, la que durante diecisiete años y muchos meses había puesto todo su cariño e ilusión en educar a su primogénito y la que en aquel momento veía como su hijo abandonaría en pocas horas su hogar hacia el camino que tanto había ansiado recorrer. Fue toda esta retahíla de pensamientos la que hizo brotar en sus ojos, como ahora en los míos al escribir esto, unas lágrimas agridulces al verme ponerme en pie para ir a asearme.

Duchado, afeitado, vestido y listo para el día, me puse con mis padres a levantar a los pequeños. No tenían gana alguna de madrugar en vacaciones, pero se pusieron en marcha. Poco tardamos en desayunar, vestir a todos, recoger la casa y cargar el equipaje, ya que nos esperaba una larga mañana. No olvidaré aquel ofrecimiento de obras de inicio de curso en el coche rumbo a san Javier. Encomendamos a cuantos daban comienzo a sus trabajos, a nuestros proyectos para 2015, a nuestros seres queridos y la unidad de nuestra familia, para que perdurase en la distancia.

Transcurrió aquella mañana muy amena, siendo recibidos por nuestros alféreces de cuarto. Con ellos visitamos el museo de la Academia, recorrimos las principales instalaciones e, incluso, entramos en Vuelos para disfrutar en exposición estática del Culopollo y la Pillan. Una vez concluido el “tour” de la AGA, tuvimos un acto de bienvenida en el club social, seguido por un vino español en el comedor principal. Allí se presentaron personalmente el Director de la Academia, el Jefe de Estudios y el Jefe del Escuadrón. Memorable el brindis que abrió la comida: “Por el primer soldado español, por el primer aviador y por el Rey.”

Aproveché los últimos minutos para despedirme de cada uno de mis hermanos y, cuando menos lo esperábamos, nos llamaron a todos fuera. Yo fui de los últimos en abandonar el comedor, por lo que apenas tuve tiempo para despedidas. Contemplaron mis padres entre lágrimas como me sumergía en la formación de ´Nuevo ingreso´ y nos dirigíamos a nuestra escuadrilla, dejando definitivamente atrás todo lo que teníamos…