domingo, 29 de noviembre de 2015

Hipotecado por las palabras


A veces, la vida se para ante nuestros ojos. Pero en realidad, la vida no para. Sigue corriendo. Somos nosotros los que dejamos de correr, los que paramos para coger aire. Y de repente, nos quedamos con la mirada perdida en alguna ventana del autobús. Miradas destino a ninguna parte. Miradas de indefinición. Miradas de frustración.

Creo que todos hemos pasado por esto, y supongo que pasaremos más veces. Igual, únicamente estoy loco. ¿Pero qué es esa mirada? Esa mirada la definiría como frustración. Frustración por saber lo que queremos y estar, conociendo lo anterior, donde estamos. Por tener el problema, tener el libro y no solucionarlo. Y es ahora cuando, con la perspectiva de frenar la carrera, ves si de verdad quieres ser así o quieres ese objetivo que te trae de cabeza.

Porque las palabras hipotecan nuestras acciones. Y si no las hipotecan, nuestras acciones acaban vendiendo a nuestras palabras. Y ahí, precisamente, está el problema de no alcanzar ese anhelo que perseguimos. Ahí radica esa desilusión, esa tristeza que nos rodea cuando paramos para coger aire. Ahí. En la incoherencia. La incoherencia se nos cuela poco a poco. Y en ocasiones, acabamos embargando nuestros deseos por impulsos. Impulsos en caliente. Estoy cansado de correr, lo más fácil, en caliente, es quitarme las zapatillas. Si lo que está en la meta es lo que de verdad anhelo, tengo que utilizar ese impulso caliente para acercarme más.

Lo importante es que de esa parada saquemos ideas, conclusiones. Que de la flaqueza saquemos un impulso para volver a agarrarnos a ese ritmo que necesitamos. Que seamos capaces de sacar de algo aparentemente malo, como es un momento de frustración o de indefinición, fortaleza para seguir, para volver a levantarnos. 

Lo importante es recuperar la actitud, no dejarnos guiar por ese sentimiento de frustración. Porque la tristeza divide y la alegría multiplica. Porque la alegría tiene una de sus traducciones en la actitud. Y la actitud lleva de la mano el tesón. Falla de nuevo, falla mejor. Porque cada fallo te acerca más a eso que anhelas. Porque con actitud y tesón, cuando más dura sea la leche más fuerte será la vuelta. Porque así, las palabras no serán una cadena, una hipoteca, sino una extensión de nuestra acción. Palabra y acción unidas. Eso es coherencia.

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