lunes, 13 de octubre de 2014

"Crecer es ..."




Según Risto Mejide, "crecer es aprender a despedirse". Cuánta razón, poco a poco la vida va marcando sus ritmos y no suelen llamar a la puerta ni compartir nuestros deseos. Que duras son las despedidas. ¿Qué es lo que provoca que sean tan difíciles? Puede ser el no hacerse a la idea de que se haya ido, puede ser que el tiempo ha pasado rápidamente y ya solo tienes 30 segundos para intentar decir todo lo que realmente tendrías que haber dicho en una vida, sinceramente, no lo sé. Pero ese "dolor" queda patente cuando te das cuenta de que sigues con la mano agitando un adiós a la nada con la mirada perdida, eso es lo que nos hace ser fuertes y lo que da sentido a esta frase. Tu creces cuando comienzas a asimilar que ya no está, que solo queda su sombra o su sombrero y en algunos casos asimilar que nunca volverá, y entonces te haces fuerte. Creces.


Realmente esa frase me tiene pillado, pero se me ocurre otra variante, con permiso de Risto. Para mí, crecer es aprender a ser consecuente. Aprender a ser consecuente es aprender a ser coherente. Es aprender tener unas ideas a medida que creces. Comenzar a pensar por ti mismo, y no por lo que piensan los demás.  Pero esas ideas no pueden estar cerradas a la verdad. Porque como dice el psicólogo americano, Wayne Dyer: "La gente rígida nunca crece. Tienen la tendencia de volver a hacer las cosas de la misma manera que las han hecho siempre" Deben ser unas ideas que a medida que recibes formación vayan mejorando hasta llegar a la verdad, que como un cincel vayan definiendo el bloque de piedra. Es necesario separarse, ver desde la perspectiva esas ideas, ya que ellas se harán más fuertes cuando las veas desde fuera y realmente concuerden. Incluso te harán de la misma manera fuerte al tener que buscar unas nuevas ideas, una nueva búsqueda de la verdad. Que ganas tenemos todos de ver la verdad, pero que pocas de buscarla. Comencemos a pensar por motu proprio de una vez por todas.

Madurar es crecer y crecer es aprender a despedirse de ser niño. El despertador de la vida suena a unos más tarde, a otros más pronto, pero siempre suena. Siempre está al acecho para de nuevo, marcar su tiempos, aunque no los compartas. Y tener solo la única posibilidad de como aquel poeta español suspirar: "Tiempo, dame tiempo" y como acompaña David Gray: "Say hello, wave goodbye".


3 comentarios:

  1. Sublime, como siempre

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  2. A ver si de una vez por todas aprendo a crecer yo tb! bss

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  3. jo no m dejas d sorprender
    sigue peton
    profundo y con sensibilidad

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